Una historia de heroismo y salvación

02/May/2012

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

Una historia de heroismo y salvación

Esta es una de esas historias que dan esperanza en la condición humana y dejan la sensación de que aún en un mundo pleno de conflictos y tragedias, el bien se puede abrir camino. Es la increíble historia de la judía Mira Papo (luego Bakovic)  y el musulmán Dervish Korkut, ambos yugoeslavos ya fallecidos..y la de sus hijos que se reúnen décadas después y se dan así la mutua posibilidad de volver a hacer el bien.Todo comenzó en la Sarajevo ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, guerra que separó y selló el destino de familias enteras. Allí estaba Mira  cuando estalló la guerra, viviendo en el seno de una familia judía no religiosa pero muy consciente de sus orígenes. Allí también se encontraba Dervish Korkut, musulmán, una de las figuras más respetadas en la comunidad musulmana del lugar.Sus destinos se unieron cuando Mira, con tan solo 18 años de edad, fue expulsada por sus compañeros partisanos-con los que había luchado desde el primer día de la guerra –junto a otros 28 partisanos judíos, por eso, por ser judíos. Sabiendo que sus padres ya habían sido asesinados y que no tenía adónde volver, llegó sin saber adónde recurrir, a un parque de su ciudad , Sarajevo. Allí la encontró casualmente Dervish Korkut, que dirigía el Museo Islámico de la ciudad.“Tu vendrás a mi casa, cuidarás a mi bebé como si fueras una más el hogar, y así te salvarás”, le dijo. Le pidió que procure no hablar mucho, para no despertar sospechas en gente que pudiera darse cuenta de que no es musulmana. Se vistió como si lo fuera y cuidó al bebé, Munib, durante meses..hasta que pudo volver con los partisanos.Décadas más tarde, Munib, ya convertido en un exitoso hombre de negocios, residente en París, recibía de un representante oficial israelí enviado por el Museo Recordatorio del Holocausto Yad Vashem, un documento reconociendo post mortem a su padre, Dervish Korkut, como “Justo entre las Naciones”. Es quizás uno de los títulos más dignos que existan sobre la faz de la Tierra: lo entrega el Estado de Israel a aquellos no judíos que durante la Segunda Guerra Mundial, arriesgaron sus propias vidas para salvar judíos, sin ninguna otra motivación que actuar motivados por sus ideales y valores humanos.Y en 1999, con ese documento en un bolsillo de la chaqueta de su esposo, sin saber siquiera qué decía sino sólo que era algo de Israel relacionado a su padre, salió Lamia, hermana de Munib, con su esposo, de Pristina, capital de Kosovo en los Balcanes, expulsada por los serbios, sin saber cuál sería su destino. Al llegar a la frontera entre Macedonia y Bulgaria tras un viaje en tren que no sabía dónde terminaría, se encontró en un campamento donde representantes extranjeros intentaban ayudar. Entre ellos, había enviados de Israel que ofrecían asilo por seis meses a cien refugiados.Enorme fue sorpresa cuando esa pareja de refugiados, cansados y preocupados, en ascuas, les mostraron el documento que tenían en su casa y que nunca habían podido leer: eso les abrió las puertas no sólo por seis meses. Poco después, iniciaban un nuevo camino como ciudadanos de Israel.Davor Bakovic (en el medio), junto a Lamia, la hija del musulmán que salvó a su madre durante la segunda guerra mundial, y su esposo, ambos refugiados expulsados por los serbios de Kosovo.Fueron recibidos como ciudadanos de Israel.Para conocer la historia en aquella Sarajevo en la Segunda Guerra Mundial, pero más que nada para saber de primera mano del reencuentro entre las dos familias, entrevistamos a Davor Bakovic, hijo de Mira..que no habría nacido nunca si su madre no hubiese sido salvada por el musulmán Dervish Korkut.P: Davor, su madre nunca le había contado sobre aquella salvación ¿verdad?R: Nunca. Ella nunca quería que llevemos cargas que detengan nuestro desarrollo y por eso, hasta que no resolvió el tema, no dijo nada.P: ¿Qué es lo que tenía para resolver?R: Después de la guerra, se dirigió en la calle a mi madre una mujer musulmana, que resultó ser la esposa de Dervish Korkut, en cuya casa se había salvado. Le dijo que el nuevo régimen de Yugoslavia había detenido a su esposo y que él y otros musulmanes serían acusados de colaborar con los nazis, por lo cual le pidió que cuente la verdad en el juicio .Mi madre aceptó por supuesto de inmediato  pero al contárselo a mi padre al volver a casa, él, que era un oficial de mayor rango que ella en el ejército, le prohibió salir, dijo que el juicio sería para el espectáculo y que ella tendría problemas. Le colocó un soldado a la entrada de la casa y la dejó encerrada..P¨: Y ella vivió años pensando que por su culpa, su salvador había sido ejecutado…R: Exactamente. Y ese sentimiento la carcomía. Años después, en los 80, ya radicada en Israel, se topó con un periódico yugoslavo en el que se informaba que Korkut había fallecido, por lo cual entendió que no lo mataron en aquel momento después de la guerra. Murió en 1969.Resultó que otros judíos prestaron testimonio en su favor y se salvó. Mi madre no lo vio más, pero pudo al menos iniciar el trámite en Yad Vashem para que se les reconozca  a él y su esposa Servet como “Justos entre las Naciones”. El documento fue hecho llegar, póstumamente, a su hijo Munib que vivía entonces en Francia..P: Y que era el bebé al que su mamá cuidó, lo cual la salvó..R: Exactamente…P: Y las puertas de la historia siguieron abriéndose de modo impresionante, hasta reencontrar a su familia, con la del salvador..¿no es así?R: Exactamente. Una noche de mayo de 1999 me llama un periodista de la emisora Galei Tzahal y me pregunta si al día siguiente voy al aeropuerto. Yo no sabía de qué hablaba. Entré a una película que ya estaba rodando, de la que yo no sabía nada. . Me preguntan si no conozco a la familia Yaha, dije que no, y entonces me preguntaron si no sé de Dervish Korkut, lo cual ya me sonaba distinto.Resulta que Yaha era el apellido del esposo de Lamia, la hermana de Munib, o sea la hija de Dervish Korkut, que con su esposo había tenido que irse de Pristina, capital de Kosovo, expulsados por los serbios en esa terrible guerra en los Balcanes…Al día siguiente fui en efecto a recibirlos…nos sentimos como hermanos desde un principio. Estuvieron un tiempo en el kibutz Maagan Mijael que recibió a todos los refugiados y luego se instalaron por un tiempo en Zijron Yaakov, para pasarse más tarde a Jerusalem, a fin de estar más cerca de Neve Ilan donde yo vivo. Casi siete años más tarde viajaron a Canadá porque la hija mayor fue allí a estudiar.Pero seguimos en permanente contacto y ellos aún se sienten muy unidos a Israel, siguen siendo ciudadanos israelíes. Hoy están en Sarajevo.P: Davor…¿qué hace pensar todo esto respecto a la vida, sus vueltas, su dinámica?R: En la historia humana pasa que cosas que van rodando y recorren un camino increíble.Aquí, fue el padre de Lamia el que hizo una buena acción guiado por sus consideraciones morales y sus valores, aunque ponía en peligro su vida y su futuro, pero teniendo claro que no podía actuar de otra forma. Años más tarde, otra gente, con los mismos valores, cerró el círculo, logrando , digamos, devolver alguna deuda.Es algo que deja enseñanzas personales. Y creo que también Lamia y su esposo lo vieron así. Quizás más adelante, también sus hijos sean parte de algún círculo que les permita brindarse y luego volver a recibir.